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EL COVID-19 Y EL MEDIO AMBIENTE

Mientras el mundo se ha paralizado como nunca ¬antes, debido a un enemigo invisible, el virus COVID-19, nos preguntamos ¿qué posibles beneficios podría traer ello a nuestro día a día? Hemos visto que nuestras costumbres de higiene personal y de limpieza han mejorado, valoramos más a todos aquellos doctores, enfermeras y todo personal que atiende a nuestros enfermos y protegen nuestra salud y, el quedarnos en casa, ha derrumbado las barreras que la tecnología había impuesto y la comunicación y creatividad fluyen hoy más que nunca con nuestras familias.

También, en la parte ambiental, esto ha tenido algunas consecuencias inesperadas. A medida que las industrias, las redes de transporte y las empresas se han cerrado, se ha producido una caída repentina en las emisiones de carbono. En comparación con esta época del año pasado, los niveles de contaminación en Nueva York se han reducido en casi un 50% debido a las medidas preventivas impuestas para contener el virus.

En China, las emisiones cayeron un 25% a principios de año, ya que a las personas se les ordenó quedarse en casa, las fábricas cerraron y el uso de carbón disminuyó un 40% en las seis centrales eléctricas más grandes de China comparado al último trimestre del 2019. La proporción de días con "aire de buena calidad” aumentó un 11,4% en 337 ciudades de China en comparación con el mismo período del año pasado, según su Ministerio de Ecología y Medio Ambiente. En Europa, las imágenes satelitales muestran emisiones de dióxido de nitrógeno (NO2) que se desvanecen en el norte de Italia. Una historia similar se está desarrollando en España y el Reino Unido.

Sin embargo, se ha visto que en periodos de recesión como la última experimentada en el colapso financiero del 2008-2009, en donde las emisiones generales cayeron un 1.3% (esto debido a la contracción de procesos industriales, fabricación y construcción), estos valores incrementaron rápidamente en el 2010 cuando la economía se recuperó, lo que lo llevó a un máximo histórico.

El Centro para la Investigación Internacional del Clima y el Medio Ambiente en Oslo ha apuntado que, en general, el 2020 aún puede ver una caída en las emisiones globales de 0.3%, menos pronunciada que la caída de 2008-09, pero también con una oportunidad para un menor repunte si los esfuerzos para estimular la economía se centran en sectores como la energía limpia.

Dicho esto, hemos visto que el mundo reacciono como cuando, en la década de los ochentas, se descubrió un agujero masivo en la capa de ozono causado por compuestos químicos clorados -CFC. Se crearon políticas internacionales y medidas que desde hace 3 décadas han sido implementada y que hoy, científicos de la Universidad de Colorado Boulder, confirman que la capa de ozono ha comenzado a sanar.

Esperamos que el mundo nuevamente reaccione y que recordemos los días en que habitantes de ciudades grandes respiraron aire limpio. Todos nos merecemos esto. Que la reacción ante esta pandemia no solo sea para beneficio de compañías que elaboran equipos de protección personal y respiradores, si no que de acá nazcan nuevos compromisos de todos los países para buscar la tan necesitada reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

El satélite Copernicus Sentinel 5-P de la Agencia Espacial Europea (ESA) captó cómo el dióxido de nitrógeno llegó a niveles bajísimos en febrero, coincidiendo con las fábricas cerradas. Marzo marcó el reinicio de muchas labores y eso se observa en las emisiones.

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