Viajar también significa descubrir una ciudad a través de sus restaurantes. Y en Ciudad de Panamá, donde la escena gastronómica continúa creciendo y mezclando influencias, producto local y conceptos cada vez más definidos, el Casco Antiguo sigue siendo uno de los mejores puntos para comenzar.
Entre calles históricas, terrazas, hoteles y una vida nocturna que cambia de ritmo conforme avanza el día, aparecen dos propuestas que vale la pena tener en el radar: Cara Cruda y Bardot by Jorge Rausch.
No podrían ser más diferentes entre sí, y precisamente ahí está parte de su atractivo.
Cara Cruda: una mesa fresca y sin demasiadas reglas

Ubicado frente a Plaza Bolívar, Cara Cruda tiene la energía de esos restaurantes que se sienten contemporáneos sin necesidad de ser excesivamente formales.
El espacio es íntimo, colorido y relajado, con una propuesta gastronómica que gira alrededor de ingredientes frescos y preparaciones como ceviches, tiraditos, tartares y mariscos. La cocina incorpora influencias latinoamericanas y asiáticas, además de frutas, salsas y elementos tropicales que mantienen la carta lejos de lo predecible.
Entre las preparaciones que permiten entender su concepto aparecen opciones como el tiradito de kampachi con mango, el spicy tuna tartar o combinaciones de langostinos, ají amarillo y otros ingredientes que juegan constantemente entre acidez, frescura, picante y textura.


Pero parte del encanto de Cara Cruda está más allá de un plato específico.
Es un restaurante para pedir varias cosas al centro, compartir, probar y dejar que la comida avance sin demasiadas reglas. Funciona igual para un almuerzo que puede extenderse hasta entrada la tarde que para comenzar una noche caminando por Casco Antiguo.
Hay además algo particularmente atractivo en su personalidad: se siente joven, urbano y espontáneo, pero sin sacrificar una propuesta gastronómica bien pensada.

Bardot: el regreso del ritual de cenar

A poca distancia, el lenguaje cambia completamente.
Bardot by Jorge Rausch recupera una idea de restaurante mucho más clásica: aquella en la que sentarse a la mesa todavía constituye un acontecimiento.
La propuesta gastronómica liderada por Jorge Rausch parte de la cocina francesa y de algunos de sus grandes clásicos. Sopa de cebolla, escargots, steak tartare, boeuf bourguignon, langosta Thermidor y tournedo Rossini forman parte de un menú que no intenta esconder sus referencias europeas.
La experiencia acompaña ese concepto.


Iluminación cálida, manteles blancos, cristalería, madera y un ambiente más íntimo construyen un restaurante que invita a reducir la velocidad. Aquí la intención no parece ser cenar rápidamente para continuar la noche, sino convertir la cena en parte importante de ella.
Su programa de vinos refuerza esa sensación y hace que Bardot funcione particularmente bien para aquellas ocasiones que justifican quedarse un poco más: una celebración, una cena en pareja, una reunión especial o simplemente el deseo de volver a disfrutar del ritual de comer sin mirar demasiado el reloj.


Dos formas de descubrir la gastronomía de Panamá
Compararlos directamente sería, probablemente, un error.
Cara Cruda habla de una Panamá más tropical, relajada y contemporánea. Bardot encuentra inspiración en la tradición francesa y en una forma más clásica de entender la sofisticación.
Uno invita a descubrir y compartir. El otro, a sentarse y permanecer.
Y quizá esa diferencia explica por qué ambos funcionan tan bien dentro de una misma ruta gastronómica por Ciudad de Panamá.
Porque una escena interesante no necesita que todos sus restaurantes hablen el mismo idioma. Necesita propuestas con personalidad suficiente para ofrecer experiencias distintas.
Para quien busca dos buenas direcciones durante una visita a Panamá, estas representan justamente eso: dos mesas, dos atmósferas y dos razones diferentes para volver al Casco Antiguo.






Deja una respuesta