En conversación con Ariana Camacho, directora creativa de Honduran Coffee Expo, aparece una ambición que supera los límites de una feria tradicional: construir una industria más conectada, preparada y consciente del valor que Honduras tiene entre las manos.
Honduran Coffee Expo 2026 plantea una conversación que va mucho más allá de una feria de café. Hay algo revelador en la manera en que Ariana Camacho habla sobre el café hondureño. No comienza por los números de exportación, tampoco por la sofisticación de una taza o por alguno de los lugares comunes que suelen acompañar la conversación sobre uno de los productos más importantes del país. Habla, antes que nada, de personas.
De productores. De tostadores. De empresarios. De jóvenes que crecieron viendo a sus padres trabajar en una finca sin necesariamente comprender hasta dónde podía llegar ese negocio. Habla de quienes han experimentado, perdido cosechas, vuelto a intentar y permanecido en una industria que, como cualquier otra, exige más constancia de la que suele verse desde afuera.

Desde esa perspectiva se entiende mejor Honduran Coffee Expo —HOCE— y también por qué reducirla a una exposición comercial sería quedarse corto.
“La industria del café en Honduras quien la hace son las personas”, explica Camacho. Para el equipo detrás de HOCE, la comunidad se convirtió en uno de los componentes fundamentales de la plataforma después de identificar algo relativamente sencillo: las industrias avanzan con mayor rapidez cuando quienes participan en ellas intercambian información, reconocen problemas comunes y encuentran formas de crecer juntos.
Ese principio ha terminado definiendo buena parte del proyecto.
HOCE ocurre durante tres días, pero su aspiración parece estar precisamente en todo lo que sucede antes y después de ellos.
Honduran Coffee Expo 2026: una plataforma, no solo un evento
En los últimos años, Honduras ha desarrollado una conversación cada vez más compleja alrededor de su café. Ya no basta con afirmar que el país produce buen café. La pregunta empieza a ser qué hacemos con ese capital: cómo lo presentamos, cómo construimos mejores negocios a su alrededor y, quizás más importante, cuánto conocemos los propios hondureños sobre lo que producimos.
Ariana plantea una comparación particularmente efectiva: un hondureño debería poder hablar de café con la misma naturalidad con la que un argentino habla del mate o de sus carnes.
El problema no es que Honduras carezca de una historia que contar. Es casi lo contrario.
Existe una diversidad enorme de productores, procesos, variedades, regiones y propuestas; lo que todavía falta, argumenta, es ampliar su visibilidad y conseguir que más personas entiendan la cadena detrás de aquello que consumen todos los días. Visitar una finca, conocer un proceso o participar de una experiencia alrededor del café puede parecer una acción pequeña, pero transforma al consumidor en alguien capaz de hablar con mayor propiedad sobre lo que produce su propio país.
Ahí HOCE comienza a adquirir otra dimensión. No intenta inventar una industria paralela, sino articular lo que ya existe.
Durante el año, el equipo escucha a esa comunidad, identifica hacia dónde se mueve el sector y desarrolla actividades alrededor de esas necesidades. A la expo se suman iniciativas y encuentros como Viva el Café y otros festivales que buscan trasladar la conversación hacia diferentes ciudades.
La intención es clara: que el café deje de pertenecer únicamente a una fecha o a un recinto y empiece a ocupar más espacios dentro de la vida cultural y económica del país.

Volver al origen para entender el futuro
Para 2026, Honduran Coffee Expo escogió un concepto que, a primera lectura, podría parecer nostálgico: Volver al origen.
No lo es.
El origen, en la lectura de Camacho, funciona menos como una invitación a mirar hacia atrás que como un ejercicio para entender cómo llegó la industria hasta aquí.
Antes de las nuevas cafeterías, de las competencias y de un consumidor más interesado en procesos y métodos, hubo personas que decidieron tomar riesgos. Productores que no se conformaron con cosechar. Gente que experimentó, atravesó dificultades y continuó trabajando aun cuando los resultados no fueron inmediatos.
Volver al origen significa reconocer esa trayectoria para poder plantearse con mayor seriedad lo que viene después.
Es probablemente una de las decisiones más inteligentes detrás de esta edición porque permite que pasado y futuro convivan dentro de una misma conversación.
HOCE no presenta la tradición como algo que debe conservarse intacto. La utiliza como fundamento para hablar de innovación.

Una industria necesita más que conocimiento técnico
Parte de esa evolución se percibe en la programación de este año.
La formación continúa siendo uno de los ejes del encuentro, pero HOCE está ampliando la definición de lo que significa estar preparado para trabajar en la industria del café.
Un productor o empresario puede dominar su producto y aun así necesitar mejores herramientas para liderar un equipo, negociar, comunicar una idea o responder a un mercado que cambia.
También existe el desafío climático. La tecnología. Las nuevas exigencias de los consumidores. El financiamiento. La administración.
Camacho habla de una época en la que prácticamente todas las industrias están obligadas a reinventarse. Bajo esa lógica aparece Cultiva tu Liderazgo, una nueva área enfocada en habilidades que tradicionalmente se han considerado “blandas”, pero que en la práctica pueden definir la capacidad de una empresa para atravesar momentos difíciles.
Cómo se comunica incertidumbre a un equipo. Cómo se responde al cambio. Cómo se toman mejores decisiones bajo presión.
Son preguntas menos fotogénicas que una competencia de filtrados, pero posiblemente más determinantes para la sostenibilidad de un negocio.
La misma lógica aparece en Cultiva tu Mente, una serie de webinars diseñada para ayudar a empresarios a llegar mejor preparados a conversaciones sobre crecimiento y financiamiento: entender estados financieros, ordenar información y reconocer qué necesita realmente un negocio antes de intentar escalarlo.
Hay algo particularmente valioso en ese enfoque. Durante demasiado tiempo, hablar de desarrollo empresarial ha significado celebrar el resultado final. HOCE parece más interesado en discutir la infraestructura necesaria para llegar allí.
De los contactos a oportunidades de negocio
Ese pragmatismo también se traslada a la rueda de negocios de esta edición.
Con el acompañamiento de Impact Hub, el objetivo es proporcionar a los participantes herramientas para presentar mejor sus productos y servicios frente a compradores potenciales.
Es una diferencia importante.
Poner a dos personas dentro de una habitación no garantiza una oportunidad. Prepararlas para aprovechar ese encuentro aumenta considerablemente las posibilidades de que algo ocurra.
La expo quiere funcionar precisamente en ese espacio intermedio entre contacto y oportunidad.
Y es allí donde probablemente se encuentra uno de los aportes más interesantes del proyecto al sector: entender que visibilizar el café hondureño también requiere fortalecer a las empresas y personas responsables de llevarlo al mercado.
Una industria suficientemente amplia para todos
HOCE insiste además en una palabra que puede sonar institucional hasta que se observa cómo intentan aplicarla: inclusión.
La plataforma ha diseñado distintas maneras de participar. Se puede exponer, competir, asistir a una conferencia, hacer negocios, ser voluntario o simplemente llegar a conocer mejor la industria.
También existe un esfuerzo por visibilizar tostadores y acercar el café a generaciones más jóvenes, incluyendo iniciativas dirigidas a niños.
Camacho recuerda el caso de estudiantes universitarios cuyos padres trabajan en fincas. Participar como voluntarios puede permitirles descubrir que aquello que han visto toda su vida forma parte de una industria considerablemente más amplia de lo que imaginaban.
Ese descubrimiento puede parecer menor.
No lo es.
El relevo generacional de cualquier sector empieza cuando una nueva generación consigue visualizar un futuro dentro de él.
El reto de consumir el café que Honduras produce
Entre todas las aspiraciones que Ariana menciona, hay una que merece especial atención: aumentar el consumo interno de café hondureño.
Honduras produce una diversidad que no necesariamente está representada en los espacios donde compra el consumidor promedio. Muchas propuestas existen, algunas todavía dentro de mercados pequeños o informales, pero continúan lejos de buena parte del público nacional.
HOCE quiere acercarlas.
Que una persona pueda elegir entre cafés de distintas regiones, productores, variedades y procesos. Que probar café hondureño no sea simplemente comprar “café de Honduras”, sino comenzar a reconocer las diferencias que existen dentro del propio territorio.
Camacho lo dice con una frase que resume la escala de esa diversidad: probablemente no alcanzaría una vida para probar todo el café que produce el país.
Detrás de la broma existe una cuestión económica y cultural importante.
Un país productor también debería ser un país conocedor de su producto.
Y quizás esa sea una de las contribuciones más relevantes que HOCE puede hacer a largo plazo: ayudar a construir un consumidor nacional más curioso, más informado y más dispuesto a reconocer el valor de aquello que tiene cerca.
Tres días para celebrar la industria del café hondureño
Honduran Coffee Expo 2026 se realizará del 24 al 26 de septiembre, pocos días antes del Día Internacional del Café.
La elección es deliberada.
Camacho quiere que esos tres días se entiendan también como una celebración: una pausa dentro de los 365 días del año para reconocer una industria que atraviesa buena parte de la historia económica y social del país.
Pero sería un error pensar que lo más interesante de HOCE está únicamente en lo que sucederá durante esas fechas.
Lo verdaderamente importante es el ecosistema que intenta construir alrededor de ellas.
Hay países que han conseguido transformar productos agrícolas en símbolos culturales reconocibles internacionalmente. El vino, el cacao, la gastronomía, el té o el café pueden convertirse en razones para viajar, invertir y mirar un territorio de otra manera.
Camacho imagina que Honduras también puede llegar ahí: que alguien decida visitar el país porque existe una cultura del café suficientemente sólida para justificar el viaje. Para lograrlo, dice, hace falta algo menos espectacular y mucho más difícil: constancia. Continuar haciendo eventos. Continuar experimentando. Continuar creando espacios para quienes tienen propuestas distintas. Continuar apareciendo.

Después de escucharla, es difícil no admirar la escala de lo que HOCE está intentando construir.
No porque pretenda resolver por sí sola los retos de la industria cafetalera hondureña. Sería ingenuo plantearlo de esa manera.
Su valor está en algo más concreto: crear el espacio donde una industria pueda reconocerse, conversar consigo misma, prepararse mejor y comenzar a imaginarse más grande.
Y en un país que ya posee el producto, el talento y la historia, quizás uno de los siguientes pasos sea precisamente ese.
Aprender a entender el valor de lo que ya tenemos.








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