Hay momentos en la vida en los que uno entiende, casi sin querer, que está cargando demasiado. Muchas de esas cargas son invisibles: no se dicen, no se nombran, solo se sienten. Y cuando el cuerpo empieza a hablar más fuerte que la mente, uno sabe que necesita hacer una pausa. Ahí estaba yo cuando acepté ir al retiro Soltar para Renacer, un encuentro organizado por Aluna Wellness Retreats bajo la guía de Ceci Maduro y Gabby Zelaya. No buscaba una transformación mística; buscaba algo más real y, a veces, más difícil: volver a mí.
Mi intención era desconectar del ruido diario, hacer espacio, y entender por qué ciertas emociones me venían deteniendo. Todos creemos que estamos “bien”, hasta que el silencio nos revela lo que evitamos ver.



Reconocer el peso invisible
En los últimos meses sentía que me movía en círculos. Repetía patrones que no quería repetir, reaccionaba sin pensar, y cargaba expectativas que no eran mías. En mis meditaciones matutinas ya venía identificando eso que llamo “peso invisible”: creencias heredadas, miedos antiguos, y la costumbre de poner a otros primero.
En ese proceso entendí algo que hoy llevo como mantra: la salud mental de otros no es responsabilidad mía. Ser empático no implica sacrificarme. Y el retiro me permitió ver con claridad cómo muchas de mis cargas no eran mías, sino reflejos de dinámicas que había permitido por años.
El poder de lo simple
Lo más revelador del retiro fue confirmar que las prácticas simples —respirar, moverse, escribir— son herramientas profundas. No se necesita una gran ceremonia para sentirse diferente; basta con estar presente.
La sesión de breathwork fue el momento que más me marcó. La respiración me llevó tan adentro que fue mi cuerpo, no mi mente, el que tomó el control. Salí sintiéndome liviano, casi reacomodado por dentro. No fue “sanación mágica”; fue permitir que algo se moviera sin forzarlo. Desde entonces, reafirmo algo que ya intuía: cuando dejás de empujar y empezás a fluir, todo encuentra su lugar.




Cuidar el cuerpo para despejar la mente
La alimentación también formó parte esencial del proceso. El menú fue vegetariano, limpio y diseñado para acompañar el trabajo interno. Desde hace un año dejé de consumir harina de trigo, y mi cuerpo lo ha agradecido profundamente: mi metabolismo funciona mejor, mi energía es más estable y mi mente se siente más clara. Dejar de intoxicar al cuerpo también libera la mente; lo que comemos importa más de lo que queremos aceptar.
Las organizadoras prepararon una tote bag para cada participante con protectores solares de Eucerin, un journal, una vela y un spray de lavanda de Candelia, además de un yoga mat obsequiado por GenteSur. Más que “detalles”, eran herramientas para sostener el proceso de introspección de una forma amable.




Un ambiente que invita a escucharse
El retiro se desarrolló en un ambiente sereno, pausado y sin ruido emocional. Un grupo de personas en silencio compartiendo un mismo propósito: crecer. Me sorprendió la cantidad de gente dispuesta a conectar con su espiritualidad y su interior desde un lugar auténtico.
Esa energía colectiva —suave, consciente, honesta— hace que uno pueda abrirse sin miedo. Los espacios donde todos están trabajando en sí mismos tienen algo poderoso: te permiten conocerte más, incluso si no viniste buscando nada en particular.
Soltar sin perfección
Una de las cosas que más agradecí fue que el retiro no prometía “sanación instantánea”. Soltar no es olvidar ni borrar. Soltar es observar lo que pesa, entenderlo y permitirle moverse. Es un proceso humano y real.
Cada práctica del retiro —yoga, meditación, ejercicios creativos— estaba diseñada para ayudarnos a ver sin juicio. Sin dramatismo. Sin presión por “cambiar”. Solo con intención de entendernos más.


Para quienes creen que “no es su estilo”
Sé que hay personas que escuchan la palabra “retiro” y automáticamente piensan que no es para ellas. Que es demasiado espiritual, demasiado alternativo o demasiado ajeno a su estilo de vida.
Pero creo que no se trata de convertirse en otra persona. Se trata de volver a vos mismo.
De estar en un espacio donde la intención es desconectarte del ruido diario —del celular, del trabajo, del piloto automático— y escuchar lo que realmente estás sintiendo.
No es adoptar una nueva identidad. Es recuperar tu claridad. Respirar. Observar. Pensar.
Actuar con conciencia en lugar de reaccionar por inercia.
Lo que me llevo al volver
Volví a la rutina sintiéndome más liviano, más claro y más conectado conmigo mismo. Me quedó grabada la meditación frente al mar. Siempre he sentido que las grandes masas de agua me ordenan el pensamiento; me ayudan a ver con lucidez lo que el ruido cotidiano esconde.
Ir al retiro Soltar para Renacer me recordó que el silencio puede ser una forma de oración —incluso para quienes no se consideran espirituales.
Agradecimientos
Gracias a GenteSur por permitirme compartir esta experiencia como parte de su cobertura editorial. Y gracias a Ceci Maduro y Gabriela Zelaya por crear un espacio tan honesto, necesario y humano.
Ojalá este retiro se repita. Yo, sin duda, quiero volver.












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