,

Clandestino: el orgullo de hacerlo propio


Una conversación sobre riesgo, identidad y lo que significa construir una marca artesanal desde Honduras con intención y carácter.


Portada Marzo’26

Las ideas que realmente cambian algo no siempre comienzan con un plan perfecto. A veces empiezan con una inquietud que no se va. Cuando me senté a conversar con María Yuja y Elías Chahín entendí que Clandestino no nació como un proyecto de negocio tradicional. Entendí que su historia no comienza con una botella ni con una etiqueta bien diseñada. Comienza con una inquietud que los acompañó durante años:

“¿Por qué Honduras no?”

No fue una frase publicitaria. Fue una espina.

En un país donde lo premium suele asociarse automáticamente a lo importado, decidir producir destilados artesanales desde San Pedro Sula no es una apuesta obvia. No es el camino fácil. Es una decisión que mezcla pasión y una dosis considerable de riesgo.

Y riesgo no solo financiero. Riesgo personal.

Durante nuestra conversación no empezaron hablando de posicionamiento, ni de metas de mercado, ni de crecimiento proyectado. Hablaron de algo más simple y más honesto: una necesidad.

Clandestino no nació como una estrategia comercial diseñada en una pizarra. Nació de una inquietud que venía creciendo con el tiempo. Elías, con una pasión profunda por el ron y su historia. María, con formación científica y experiencia en procesos de fermentación y cerveza artesanal. Dos miradas distintas que, al encontrarse, empezaron a hacerse la misma pregunta: si sabemos hacerlo, si entendemos el proceso, si nos apasiona… ¿por qué no hacerlo aquí?

Les pregunté qué estaba pasando en sus vidas cuando decidieron convertir esa inquietud en una empresa real. No hubo narrativa romántica. Había entusiasmo, claro. Pero también miedo.

Miedo a invertir sus ahorros.
Miedo a depender de proveedores.
Miedo a que la logística fallara.
Miedo a que el mercado no entendiera lo que estaban proponiendo.

María Yuja y Elías Chahín

Emprender en Honduras no es un relato glamoroso. No es una foto con fondo blanco y frase inspiradora. Es confiar cuando todavía no hay garantías. Es construir estructura donde no existe tradición fuerte alrededor de pequeñas destilerías independientes.Y eso fue parte del desafío: no solo estaban creando una marca, estaban abriendo camino en una industria poco explorada en el país.

Uno de los puntos más interesantes de la conversación fue el contexto. Hacer destilados artesanales en Honduras no es común. No existe una cultura consolidada de microdestilerías como en otros mercados. Eso significa que, además de desarrollar un producto, tenían que educar al consumidor, explicar procesos, justificar precios y demostrar calidad desde cero.

“¿Te pesa o te impulsa hacerlo desde Honduras?”, les pregunté.

La respuesta fue inmediata: impulsa.

Impulsa porque el reto es mayor. Porque obliga a hacer las cosas mejor. Porque exige coherencia. Porque convierte el proceso en algo más que producción; lo convierte en identidad. Clandestino no busca competir con grandes marcas internacionales desde la comparación directa. No intenta replicar modelos externos. Busca diferenciarse desde el territorio. Coco tostado que remite a la costa. Café hondureño que evoca la montaña. Barricas que aportan carácter y cuentan otra historia. No es solo un destilado. Es una narrativa líquida de país. No se trata de competir contra todos. Se trataba de ser auténtico, ser fiel a su identidad.

La autenticidad, más que la comparación, es lo que construye algo duradero. Desde entonces, la meta no es hacer el mejor ron del planeta. Es hacer el mejor Clandestino posible. Y eso cambia completamente la perspectiva. No se trata de validarse frente al mundo, sino de construir coherencia interna.

En un momento de la conversación dijeron algo que resume su visión: Clandestino es una carta de amor a Honduras. No lo dijeron como eslogan. Lo dijeron como intención. Su objetivo no es únicamente vender botellas. Es contribuir a una narrativa diferente sobre lo que se puede crear aquí. Cuando alguien visite el país, así como busca café o chocolate, también pueda encontrar un destilado artesanal que represente esta tierra.

Ya no hablamos solo de negocio. Hablamos de construcción cultural. Hablamos de cambiar la percepción de que lo premium siempre viene de afuera. De demostrar que calidad, detalle y proceso también pueden construirse desde San Pedro Sula.

Crear industria es también crear identidad.

Cuando les pregunté cuál había sido el momento que más los marcó, no mencionaron primero artículos en medios o expansión de distribución. Hablaron de algo más íntimo. Ver su botella en una mesa donde nadie sabía que ellos estaban ahí. Escuchar a alguien pedirla sin conocer la historia detrás. Observar cómo el producto se integra en una conversación, en una celebración, en un espacio cotidiano. Ese tipo de orgullo no necesita micrófono.

Con el tiempo llegaron validaciones externas. Reconocimiento en medios internacionales, distribución en distintos puntos del país, presencia en aeropuertos. Cada logro suma. Pero el orgullo más fuerte sigue siendo interno: saber que lo construyeron desde aquí. Saber que apostaron y que no retrocedieron cuando era más fácil hacerlo.

Al terminar la conversación quedó claro que Clandestino no nació para seguir una tendencia. Nació de una convicción. Crear algo artesanal en Honduras, apostando por identidad y calidad, es una postura. Es desafiar la idea instalada de que lo sofisticado tiene que venir de otro lugar. Es asumir que el proceso será más complejo, pero que el resultado tendrá más significado.

Clandestino no es clandestino por secreto. Es clandestino porque se atrevió a existir en un contexto que no siempre facilita el camino. Y quizá ahí está la enseñanza más poderosa de esta historia. En un país que muchas veces duda de sí mismo, crear desde Honduras no es una limitación. Es una decisión.

Una decisión que implica riesgo.
Una decisión que exige carácter.

Al despedirnos quedó una sensación clara: lo que están construyendo no es solo una marca, es una postura. Una postura frente al miedo. Frente a la comparación. Frente a la duda colectiva. Clandestino no necesita hacer ruido para hacerse notar. Existe con intención. Y cuando algo nace con intención, no depende del contexto para tener valor. Lo construye por sí mismo.

Fotografías: Clandestino Distilling Company
Entrevista & nota: Jose Vargas